El Regalo que Nunca se Desenvuelve
Durante 50 años, él le hizo una taza de cerámica cada San Valentín. Ella nunca las usó. El día que él dejó de hacerlas, entendió por qué. Una historia sobre el amor verdadero. En un pueblo donde el invierno se aferraba a las montañas hasta bien entrada la primavera, vivía un alfarero llamado Benjamín, cuyo corazón latía al ritmo lento y constante de su torno. Tenía manos que podían dar forma a la arcilla más testaruda, pero cuando se trataba de palabras para Clara, su esposa desde hacía casi cincuenta años, la voz se le quedaba atrapada en la garganta, tan pesada y sin forma como un terrón de barro seco. Cada año, la víspera del Día de San Valentín, Benjamín se encerraba en su taller. No compraba chocolates perfumados ni rosas de invernadero. Su ritual era otro: al calor del horno y con las manos manchadas, creaba una taza. No una taza cualquiera, sino un recipiente único que contuviera un fragmento de su año compartido. La taza del año que Clara se recuperó de su enfermedad tenía asas...