La Mesa del Soltero Impermeable
Reservaban para él la mesa más incómoda, junto al baño. Hasta que un día, él reservó algo más: toda su propia atención. #CelebraciónPersonal Ah, sí. La Mesa. La que todo comensal solitario conoce y teme. No la del rincón romántico con velita, no. Hablo de esa mesa. La que está estratégicamente ubicada entre la puerta que golpea del baño y la estación de servicio donde los camareros descargan sus dramas existenciales. La silla suele tener una pata coja, para incentivar la postura de "quiero-irme". Era, en fin, el destino inequívoco de los que osaban cenar en compañía de su propia y, según el maître, lamentable sombra. Allí, nuestro protagonista, Leo, era un cliente habitual. Tan habitual que el mantel tenía la ligera huella de sus codos. Él, por supuesto, había pasado por todas las fases: la del "móvil como escudo social", la de "fingir profundo interés en la carta de vinos" y la clásica "observación compulsiva de vidas ajenas". Oh, la obser...